La dermatitis atópica es una enfermedad inflamatoria crónica de la piel que se caracteriza por un picor intenso, piel muy seca y sensible y que tiende a la sobreinfección.

Es una enfermedad que cursa con fases de exacerbación conocidas como brotes y remisiones. En la fase de brote este eccema provoca picor y produce pequeñas vesículas que pueden formar costra y una descamación de la piel.

En la Dermatitis atópica, entre otros factores, existe un defecto en la barrera cutánea la cual está desestructurada. Este efecto favorece la penetración de agentes externos, tales como ciertos alérgenos e irritantes, que se han identificado como posibles desencadenantes del brote en la Dermatitis atópica

Cada vez más investigaciones ponen de manifiesto el papel que las bacterias que habitan en el intestino juegan para el desarrollo óptimo del sistema inmunológico y la relación que tienen con la aparición o no de enfermedades alérgicas. Se ha visto cómo los niños con dermatitis atópica tienen una microbiota intestinal o flora intestinal diferente a la de los niños sin esa afección.

La piel atópica es una enfermedad multifactorial que resulta de la interacción de factores genéticos y ambientales.  Se sabe que tiene un componente hereditario muy importante, así que padres con atopia o alergia tienen probabilidades de tener hijos con pieles atópicas.

Afecta principalmente a la edad pediátrica. De cada 10 niños que nacen 1 ó 2 tienen problemas de piel atópica.

La piel atópica es más vulnerable a las agresiones externas como cambios climáticos, alérgenos (como ácaros o pólenes), ciertos productos de higiene inadecuada, productos químicos, etc. Se recomienda el uso de productos  que creen una barrera multiprotectora que protege de forma específica a la piel atópica de los factores externos.

Fuente: Laboratorios letiat4