La piel es el órgano encargado de proteger al organismo de posibles agresiones externas que puedan afectar a su equilibrio natural. Esta acción barrera es posible gracias a que tiene su propio mecanismo de hidratación que la mantiene flexible y resistente y al uso de productos hidratantes que lo refuerzan.

 La hidratación se convierte en uno de los cuidados básicos y esenciales, a cualquier edad y en cualquier época del año, para mantener una piel joven, sana y radiante. Factores como el clima, los cambios de temperatura y humedad del ambiente, la polución, el estrés, el tabaco, el alcohol y la alimentación, entre otros, pueden alterar su equilibrio hídrico y dar lugar a la deshidratación, que puede afectar a todos los tipos de piel: normal, grasa, mixta, seca o sensible. Los síntomas más evidentes de la deshidratación son la sensación de tirantez, falta de flexibilidad, pérdida de suavidad, escozor y descamación. 
En España, tan solo el 12% de las mujeres españolas tienen una piel normal. Pocas personas gozan de una piel perfectamente equilibrada, salvo durante la infancia. La mayoría, un 54%, de las mujeres de entre 25 a 44 años sufre algún tipo de anomalía, ya sea por exceso de grasa o falta de hidratación, y tiene lo que se conoce como piel mixta. Para mantener la piel en óptimas condiciones es necesario utilizar productos hidratantes adecuados a cada tipo de piel que aporten las sustancias necesarias para formar una película barrera, limiten la pérdida de agua de la capa córnea y que, al mismo tiempo, capten el agua y la fijen en el interior de las células. 
La piel normal
El objetivo principal debe ser mantener y conservar el equilibrio entre la hidratación y la emoliencia, por lo que se requieren cremas con un porcentaje similar de agua y emolientes.

La piel grasa 
Tiene el nivel de sebo alterado y suele ser brillante y untuosa debido a un exceso de secreción sebácea, por lo que tiende al acné y puede presentar imperfecciones visibles, poros dilatados, etc. Generalmente está bien hidratada, pero no hay que olvidar que la necesidad de hidratación es independiente del tipo de piel y que el hecho de que una piel sea más grasa tiene relación con la mayor presencia de lípidos, no obligatoriamente de agua, por lo que puede estar igualmente deshidratada. Como hidratantes son preferibles las formas fluidas al ser menos grasas. 
La piel mixta 
Presenta una combinación de exceso de grasa y falta de hidratación en distintas zonas del rostro. Las zonas de piel grasa se sitúan en la frente, nariz y barbilla o “zona T”, mientras que las zonas secas se generan en las mejillas, el contorno de los ojos y el cuello. Este tipo de piel tiene los inconvenientes de la piel grasa, como brillos y puntos negros, y de la piel seca, como la falta de hidratación que genera síntomas de envejecimiento prematuro y que se refleja en la aparición precoz de las arrugas en el contorno de los ojos. Para hidratarlas es necesario usar productos de acción combinada, que aporten agua a todo el rostro y lípidos sólo en aquellas áreas que hacen falta, sin incrementar la grasa en la “zona T”.

La piel seca 
Su principal característica es la falta de hidratación en la superficie de la piel. Este problema se agrava con la edad, por lo que es más frecuente encontrar este tipo de piel en las personas de más de 30 años. Algunas de las señales que evidencian la piel seca son la descamación, las manchas, los poros pequeños y un aspecto opaco y áspero. Además, la deshidratación acentúa las líneas de expresión y las arrugas. Las personas con este tipo de piel suelen tener sensación de tirantez y, si además es sensible o fácilmente irritable, picor, ardor e irritaciones. Para darle una mayor hidratación y capacidad para retener el agua es necesario emplear productos que reconstruyan constantemente las propiedades de su barrera protectora.

La piel sensible 
Reacciona de manera exacerbada a factores externos como el sol, el frío, el calor, la contaminación o productos mal adaptados a sus características, por lo que es muy importante aplicar productos hidratantes, protectores y suavizantes que le ayuden a recuperar su estado y función normal.

La piel atópica
Las pieles atópicas tienen, además de otros factores, la función barrera alterada y no son capaces de retener el agua por lo que es fundamental mantener una buena hidratación con productos específicos que restauren la función barrera de la piel y reduzcan los signos cutáneos como el picor y la irritación.

Cuidados especiales 
• Manchas: 
la aparición de manchas pigmentadas forma parte del proceso de envejecimiento de la piel pero también puede ser potenciada por agentes externos como la exposición al sol sin fotoprotección, cambios hormonales embarazo, anticonceptivos orales, alteraciones del tiroides,…) y ciertos principios activos.

• Arrugas: son una de las manifestaciones más impactantes y evidentes del envejecimiento de la piel. El paso del tiempo, la contaminación, el ritmo de vida actual y el estrés, son algunos de los factores determinantes en su aparición. Aunque evitarlo no es posible, si se puede actuar contra sus manifestaciones y combatir el envejecimiento provocado por estos agentes externos.

Recomendaciones para tener una piel bien hidratada 
• No exponerse al sol sin fotoprotección
• Emplear productos hidratantes adecuados a cada tipo de piel 
• Aplicarlos de una a dos veces diarias, sobre la piel limpia y seca 
• Intentar aplicar el producto tras la ducha, momento en el que la piel está en perfectas condiciones para asimilar cualquier producto y el beneficio es mucho mayor 
• Evitar el estrés, el tabaco y el alcohol 
• Mantener una alimentación equilibrada